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Atracción turística
El sendero al mirador del Glaciar Serrano es corto, casi plano y transcurre entero dentro de un bosque magallánico húmedo, pero termina frente a una laguna con témpanos y a un muro de hielo que baja directamente desde el Campo de Hielo Sur. En poco más de veinte minutos de caminata pasas del bosque al glaciar. Ese contraste es lo que hace único al lugar.
Dónde estás parado
El sendero nace en el sector de Puerto Toro, en la ribera del río Serrano, dentro de los límites del Parque Nacional Bernardo O'Higgins — el parque más extenso de Chile y, al mismo tiempo, uno de los menos transitados, porque casi todo su territorio es hielo, fiordo y roca sin caminos. Estás en el borde norte del Seno Última Esperanza, entre Puerto Natales y Torres del Paine.
No se llega por tierra. El acceso habitual es por navegación desde Puerto Bories, a pocos minutos de Puerto Natales: el catamarán recorre el seno, pasa frente al Glaciar Balmaceda colgado sobre el fiordo y desembarca en Puerto Toro. Desde ahí caminas. Ese es el orden natural del día y explica por qué este sendero aparece siempre asociado a la navegación a los glaciares Balmaceda y Serrano.
Qué se ve en el camino
El trazado sigue el bosque siempreverde de la Patagonia austral: coigüe de Magallanes, canelo, calafate, musgos y líquenes que cuelgan de las ramas y delatan la humedad permanente de este rincón. Hay tramos con pasarelas de madera sobre suelo blando y raíces expuestas. Es un bosque bajo, retorcido por el viento, muy distinto a las lengas abiertas que verás después en los valles de Torres del Paine.
A medida que avanzas aparecen las morrenas: montones de piedra y sedimento que el glaciar dejó atrás. Sirven de referencia física para entender cuánto ha retrocedido el Serrano en las últimas décadas. Es una lectura del paisaje que se hace con los pies, sin necesidad de gráficos.
El sendero desemboca en la laguna proglacial. Ahí está el frente del Serrano, con sus tonos azules donde el hielo es más denso y comprimido, y témpanos de distintos tamaños flotando según cómo haya trabajado el verano. El sonido también cuenta: agua de deshielo, viento y, con suerte, el crujido del hielo acomodándose.
Cuánto tiempo dedicarle
La caminata es de aproximadamente un kilómetro por tramo, prácticamente sin desnivel. Entre ida, regreso y el tiempo que quieras quedarte frente al glaciar, calcula alrededor de una hora y media. Es el tiempo que suelen contemplar los itinerarios de navegación de medio día, así que no hay margen para alargarla demasiado: conviene caminar sin apuro pero atento al horario del retorno.
Temporada y qué llevar
La navegación que da acceso al sendero opera principalmente entre octubre y abril, y depende siempre de las condiciones de viento y oleaje en el seno. En pleno invierno la frecuencia es mucho menor o directamente no hay salidas.
Aun en verano, el suelo del bosque suele estar mojado. Calzado impermeable, cortaviento y una capa de abrigo bajo el impermeable resuelven el día. Las manos agradecen guantes livianos: el aire que baja del glaciar es notoriamente más frío que el del embarcadero. No hay servicios en el sendero, así que agua y algo para comer van contigo desde la embarcación.
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